Autor:
Dr.C. Camilo Boris Armas Velasco
Profesor Auxiliar
Centro de Estudios de la Pedagogía Profesional
Universidad
de Ciencias Pedagógicas “Héctor A. Pineda Zaldívar”
e-mail: carmas@ucpetp.rimed.cu
INTRODUCCIÓN
Las estrategias de aprendizaje han sido
consideradas como un aspecto fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
que intervienen no solo en la calidad de los resultados del aprendizaje
escolar, sino en el papel que éstas desempeñan en la formación integral de los
estudiantes. El reconocimiento de su existencia y la necesidad de su formación,
ha sido revelado por destacados maestros cubanos desde fines del siglo XVIII,
hasta la actualidad.
Un aprendizaje basado en la toma de conciencia
de las condiciones del proceso y resultado del aprendizaje, así como en los
principios éticos y axiológicos de la educación, le otorgan un valor agregado
al proceso de formación profesional del futuro egresado.
Lo anterior se fundamenta en una filosofía de
la educación que considera la integración de
los contenidos profesionales como una unidad que desarrolla la
independencia cognoscitiva y la autorregulación comportamental del estudiante
en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En la impronta del pensamiento educativo
cubano de fines del siglo XVIII hasta la actualidad, revela la importancia de
la formación de estrategias del pensamiento, aprendizaje independiente y
recursos para aprender. En el presente trabajo se propone cómo objetivo revelar
los puntos de contacto entre el legado del pensamiento educativo cubano y la
formación de estrategias de aprendizaje en la formación profesional del futuro
egresado.
Finales
del siglo XVIII al XIX
Los pedagogos cubanos Félix Varela, (1788-1853) y José de la Luz y Caballero (1800-1862)
proyectaron la enseñanza y el aprendizaje desde perspectivas que desafiaron la
corriente escolástica de la época. F. Varela se dedicó entre 1811 a 1821, mientras que
fue profesor de Filosofía en el Seminario de San Carlos, al desarrollo de las
habilidades del pensamiento. Consideraba que era importante comenzar la
enseñanza por la lógica, pero a través de una estrategia de pensamiento. En
este sentido se puede considerar como el pionero en el estudio de éstas en
Cuba.
A sus inicios, el trabajo de F. Varela colocó el pensamiento en un plano
epistemológico y conceptual, en su esencia propició el desarrollo del verdadero
pensamiento de cubanía: su identidad, y los sentimientos patrios, pero sin
abordar directamente la esfera moral. La necesidad de crear la identidad
nacional demandó de un pensamiento de esa naturaleza.
El padre F. Varela, entendió que no era posible formar al cubano, sin
que estuviese acompañado de los principios patrios y de los valores nacionales,
acorde al modelo de hombre que se aspiraba desde su filosofía progresista, que
más tarde orientó desvió hacia el independentismo.
La influencia de la filosofía europea se impuso en la instrucción
pública, siendo la
Ilustración la corriente típica de la época. Diferenciarlo de
la ideología colonialista era una tarea que la educación tenía que cumplir para
enseñar a pensar al cubano en sí mismo y en lo cubano. Por este motivo Varela
decidió escribir un Manual de moral para la juventud.
Los estudiantes eran orientados hacia los métodos reproductivos, y el
resultante fundamental era el divorcio de la teoría con la práctica. Se obtenía
un aprendizaje memorístico a niveles muy concretos, en el plano del
conocimiento teórico. Para ello, se utilizaron diferentes recursos nemotécnicos
en la reproducción de los contenidos sobre la base de la repetición y el
reforzamiento del estímulo.
Es interesante considerar que en Cuba ya se había propuesto desde este
período, una concepción propia de la enseñanza. F. Varela elaboró un
interesante método didáctico, que se concreta en el método explicativo, el cual
se introdujo en la enseñanza secundaria de la época, que consistió en: (J.
Chávez, 1996 p.23)
1.Partir de la activación de
las potencialidades intelectuales del estudiante, para llevarlo a conocer el
origen y la estructura de las ideas.
2.Iniciar el estudio de la
naturaleza y de la sociedad, mediante la observación, la experimentación y los
conocimientos empíricos que eran necesariamente ampliados y profundizados,
dadas las posibilidades intelectuales que ya alcanzaban los estudiantes.
3.Arribar a las
generalizaciones y sistematizaciones (nivel teórico) a partir de activar
plenamente el proceso de reflexión.
4.Lograr la expresión cabal
del pensamiento.
5.Lograr la aplicación de los
conocimientos adquiridos (teóricos y prácticos) a la transformación de la
realidad natural y social y al propio hombre.
Junto al padre F. Varela, otra figura que desde la educación primaria,
criticó los métodos que conducían a la pasividad del estudiante en el
aprendizaje, fue: José de la Luz
y Caballero.
J. de la Luz,
propuso la idea de ”…empezar por lo concreto para elevarse a lo abstracto, la
práctica antes de la teoría, para después, con el progreso de la ciencia, ser
secundada después por el progreso de la teoría…(J. Chávez, 1996 p.30)
Se aprecia en la filosofía del pensamiento pedagógico de Luz y
Caballero, que “desde la ciencia misma hay que enseñar la estrategia” (J.
Chávez, 2007). Si se analiza lo planteado por Luz puede considerarse que:
existe una distinción sumamente importante en la estrategia de aprendizaje:
“enseñarla” desde la clase.
En este mismo sentido, tanto Varela como Luz encuentran en el método una
posibilidad importante en la acción del pensamiento. Transformar el método de
enseñanza, implica transformar la estrategia de aprendizaje.
Se convierte por tanto el pensamiento de estos educadores, en una
valiosa arma de combate, pues comenzaban a gestarse los primeros intentos de
lucha por transformar la incipiente sociedad de criollos nacidos en la isla de
Cuba.
Puede apuntarse un aspecto relevante que marca la relación entre la
formación de las estrategias de aprendizaje y el método de enseñanza, que
consiste en el carácter activo del método y el papel protagónico que debe
desempeñar el estudiante en su aprendizaje.
En la última década del siglo XIX hacia la primera década de los años 30
del siglo XX, figuras como: José Martí, 1853-1895 y Enrique José Varona
1849-1933, entre otros, constituyeron los principales exponentes del
pensamiento educativo cubano.
De la obra de J. Martí se toman algunas ideas para reflejar la evolución
de las estrategias de aprendizaje en el pensamiento pedagógico nacional, así
como revelar la continuidad de su filosofía y la integración de todos los
contenidos formativos de la educación.
En la fuente del pensamiento pedagógico martiano, se aprecia la
integración de los conocimientos y las habilidades a lo axiológico, ya que
Martí hace énfasis en las potencialidades de la educación para la formación
integral del niño y su correspondencia con el contexto histórico y la sociedad
en que vive.
Martí consideró, al igual que los profesores que le precedieron, la
imperiosa necesidad de un pensamiento auténticamente revolucionario y una
ética, en la formación de una estrategia de lucha que fuese común en su
objetivo, pero singular en su acción.
En este mismo sentido Martí, consideró la esencia de
la enseñanza en el método que utiliza el profesor para dirigir la formación de
sus estudiantes.
En el centro del proceso, el estudiante es protagonista de su
aprendizaje, y como guía, el profesor, que tiene que propiciar, en el primero,
la riqueza espiritual y garantizar en lo que se aprenda la correspondencia con
las exigencias sociales. En tal sentido apuntaba el Apóstol: “Qué todo parezca
fácil, que todo se haga agradable que todo se enlace: he aquí el trabajo de la
enseñanza objetiva (R. Valdés, 2002 p.146)
Se aprecia la importancia de una enseñaza verdaderamente objetiva, que
permite la comprensión y la articulación de todos los contenidos formativos de
la educación, lo cual constituye expresión de la unidad afectivo-cognitiva de
la personalidad.
Martí resaltó la importancia del método y su relación con la formación
de los hábitos para el estudio. No cabe duda que una actividad verdaderamente
formativa es aquella que permite la integración de todos los contenidos:
sociales, políticos, éticos, estéticos y científicos.
Desde el propio acto del aprendizaje el profesor decide cómo es que
enseña a sus estudiantes y propicia en él el acto de apropiación de la cultura
en todas sus dimensiones.
El profesor deberá procurar que su estudiante aprenda estudiando y en
este sentido señala: “El estudio es un mérito; pero la imitación es un error:
más que un error, una dejación de la dignidad de la inteligencia (R. Valdés,
2002 p.147)
Martí considera, que el estudio constituye la vía fundamental del
aprendizaje y a su vez del desarrollo. Enseñar a estudiar, aunque no esté
explícitamente declarado, es la expresión de la formación moral desde el
aprendizaje escolar, alejada de la reproducción mecánica del conocimiento.
Considera la imitación como la pérdida de los valores de la inteligencia.
Para él, la educación debía propiciar la independencia del niño en el
aprendizaje desde sus propias posibilidades personales, en este sentido apuntó:
“…no hay mejor sistema de
educación que aquel que prepara al niño a aprender por sí.
“Asegúrese a cada hombre el ejercicio de sí propio. (R. Valdés, 2002
p.146)
He aquí un punto de coincidencia para una concepción de la formación
verdaderamente integral, donde se aprecia la importancia de la independencia
como rasgo fundamental en la preparación del hombre para enfrentar la vida.
No caben dudas, que en este planteamiento Martí convoca a formar en el
estudiante aquellas estrategias que le permitan aprender por sí mismo. Esto
garantiza un hombre socialmente útil.
Finales del siglo XIX e inicios del siglo XX
Por otro lado en el pensamiento de Enrique José Varona y Pera
(1849-1933) puede apuntarse que los puntos de contacto fundamentales con la
formación de las estrategias de aprendizaje, están en su concepción sobre la
enseñanza y el aprendizaje. E. J. Varona constituyó el educador más destacado
de este período, caracterizado en Cuba, por un fuerte pensamiento positivista.
En su obra se destaca claramente el papel que debe desempeñar el maestro
y el papel del estudiante. El maestro es la guía del proceso cuando señala:
“... quien dice guía. Y el guía mejor es el que ha ido más lejos y con más
frecuencia por el camino que hay que enseñar a recorrer. El que ha explorado
más y ha descubierto más amplios horizontes (J. Chávez, 1996 p.53). Si se toma
en esta idea la expresión de que: “…hay que enseñar a recorrer…”, se revela lo
que hoy suele llamarse el aprender a aprender.
Otro aspecto esencial que se vincula con la formación de estrategias de
aprendizaje en la obra de Varona, se destaca en la siguiente cita: “…nuestros
profesores debían ser (…) hombres dedicados a enseñar cómo se aprende, cómo se
consulta, cómo se investiga; hombres que provoquen y ayuden el trabajo del
estudiante; no hombres que den recetas y fórmulas al que quiere aprender en el
menor tiempo la mayor cantidad de ciencia (…) (J. Chávez, 1996 p.57). Puede
señalarse entonces la importancia que el destacado maestro atribuyó al enseñar
cómo se aprende.
En otro período histórico, entre 1934 y 1958, se propuso resolver las deficiencias
más importantes de la educación en aquella etapa: el autoritarismo, la falta de
vinculación de la escuela con la vida, el negarle al sujeto que aprende el
protagonismo necesario, el dedicarse a una deficiente instrucción y
despreocuparse por el desarrollo espiritual del individuo. Chávez (1996). Surge
en este período el Movimiento La Escuela Nueva.
La idea fundamental de este movimiento desarrollista, estuvo centrada en
formar un hombre real, concreto y positivo. Aparecieron en esta etapa las obras
de Alfredo M. Aguayo: “Didáctica de la Escuela Nueva” (1943) y la de Diego González,
titulada: “Didáctica o dirección del aprendizaje” (1946), con el enfoque propio
de este movimiento educacional.
Según plantea J. Chávez (1996), la Escuela Nueva se centró
en el niño, en las necesidades del individuo, en la enseñanza de acuerdo con
los intereses del estudiante y el paidocentrismo. La consideración de atender
las necesidades individuales del estudiante en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, es condición indispensable en todo proceso de formación
de estrategias de aprendizaje.
El estudio de estos antecedentes de las figuras del pensamiento
educativo cubano de los siglos XIX y XX, permitió crear las condiciones para
proponer nuevas concepciones en la formación de las estrategias de aprendizaje
en la formación profesional de los licenciados en educación en el momento
actual.
CONCLUSIONES
Hasta aquí se pueden identificar en la
historia de la educación cubana algunos puntos de contacto entre el pensamiento
pedagógico y la formación de estrategias de aprendizaje que constituyen algunas
de las premisas para fundamentar esta propuesta:
El valor del método (en lo fundamental los
métodos productivos) como vía para la
formación de las estrategias de aprendizaje.
El principio ético de un aprendizaje
responsable, basado en la reflexión crítica y la toma de conciencia sobre el
proceso de aprendizaje.
La clase como espacio fundamental para la
formación de las estrategias de aprendizaje.
El fin último de la formación de las
estrategias para aprender considerado la educación integral del hombre en
correspondencia al momento histórico en que vive y a sus necesidades
individuales.
Propiciar la formación de un estudiante
independiente, responsable y protagonista en el proceso de
enseñanza-aprendizaje es una aspiración de la educación cubana del siglo XXI.
BIBLIOGRAFÍA
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