miércoles, 6 de noviembre de 2013

“ALGUNAS PREMISAS HISTÓRICAS PARA LA FORMACIÓN DE ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE DESDE LA TRADICIÓN DEL PENSAMIENTO EDUCATIVO CUBANO”


Autor: Dr.C. Camilo Boris Armas Velasco
Profesor Auxiliar
Centro de Estudios de la Pedagogía Profesional
Universidad  de Ciencias Pedagógicas “Héctor A. Pineda Zaldívar”



INTRODUCCIÓN

Las estrategias de aprendizaje han sido consideradas como un aspecto fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que intervienen no solo en la calidad de los resultados del aprendizaje escolar, sino en el papel que éstas desempeñan en la formación integral de los estudiantes. El reconocimiento de su existencia y la necesidad de su formación, ha sido revelado por destacados maestros cubanos desde fines del siglo XVIII, hasta la actualidad.

Un aprendizaje basado en la toma de conciencia de las condiciones del proceso y resultado del aprendizaje, así como en los principios éticos y axiológicos de la educación, le otorgan un valor agregado al proceso de formación profesional del futuro egresado.

Lo anterior se fundamenta en una filosofía de la educación que considera la integración de  los contenidos profesionales como una unidad que desarrolla la independencia cognoscitiva y la autorregulación comportamental del estudiante en el  proceso de enseñanza-aprendizaje.

En la impronta del pensamiento educativo cubano de fines del siglo XVIII hasta la actualidad, revela la importancia de la formación de estrategias del pensamiento, aprendizaje independiente y recursos para aprender. En el presente trabajo se propone cómo objetivo revelar los puntos de contacto entre el legado del pensamiento educativo cubano y la formación de estrategias de aprendizaje en la formación profesional del futuro egresado.


Finales del siglo XVIII al XIX

Los pedagogos cubanos Félix Varela, (1788-1853) y José de la Luz y Caballero (1800-1862) proyectaron la enseñanza y el aprendizaje desde perspectivas que desafiaron la corriente escolástica de la época. F. Varela se dedicó entre 1811 a 1821, mientras que fue profesor de Filosofía en el Seminario de San Carlos, al desarrollo de las habilidades del pensamiento. Consideraba que era importante comenzar la enseñanza por la lógica, pero a través de una estrategia de pensamiento. En este sentido se puede considerar como el pionero en el estudio de éstas en Cuba.

A sus inicios, el trabajo de F. Varela colocó el pensamiento en un plano epistemológico y conceptual, en su esencia propició el desarrollo del verdadero pensamiento de cubanía: su identidad, y los sentimientos patrios, pero sin abordar directamente la esfera moral. La necesidad de crear la identidad nacional demandó de un pensamiento de esa naturaleza.

El padre F. Varela, entendió que no era posible formar al cubano, sin que estuviese acompañado de los principios patrios y de los valores nacionales, acorde al modelo de hombre que se aspiraba desde su filosofía progresista, que más tarde orientó desvió hacia el independentismo.
La influencia de la filosofía europea se impuso en la instrucción pública, siendo la Ilustración la corriente típica de la época. Diferenciarlo de la ideología colonialista era una tarea que la educación tenía que cumplir para enseñar a pensar al cubano en sí mismo y en lo cubano. Por este motivo Varela decidió escribir un Manual de moral para la juventud.

Los estudiantes eran orientados hacia los métodos reproductivos, y el resultante fundamental era el divorcio de la teoría con la práctica. Se obtenía un aprendizaje memorístico a niveles muy concretos, en el plano del conocimiento teórico. Para ello, se utilizaron diferentes recursos nemotécnicos en la reproducción de los contenidos sobre la base de la repetición y el reforzamiento del estímulo.

Es interesante considerar que en Cuba ya se había propuesto desde este período, una concepción propia de la enseñanza. F. Varela elaboró un interesante método didáctico, que se concreta en el método explicativo, el cual se introdujo en la enseñanza secundaria de la época, que consistió en: (J. Chávez, 1996 p.23)

1.Partir de la activación de las potencialidades intelectuales del estudiante, para llevarlo a conocer el origen y la estructura de las ideas.

2.Iniciar el estudio de la naturaleza y de la sociedad, mediante la observación, la experimentación y los conocimientos empíricos que eran necesariamente ampliados y profundizados, dadas las posibilidades intelectuales que ya alcanzaban los estudiantes.

3.Arribar a las generalizaciones y sistematizaciones (nivel teórico) a partir de activar plenamente el proceso de reflexión.

4.Lograr la expresión cabal del pensamiento.

5.Lograr la aplicación de los conocimientos adquiridos (teóricos y prácticos) a la transformación de la realidad natural y social y al propio hombre.

Junto al padre F. Varela, otra figura que desde la educación primaria, criticó los métodos que conducían a la pasividad del estudiante en el aprendizaje, fue: José de la Luz y Caballero.

J. de la Luz, propuso la idea de ”…empezar por lo concreto para elevarse a lo abstracto, la práctica antes de la teoría, para después, con el progreso de la ciencia, ser secundada después por el progreso de la teoría…(J. Chávez, 1996 p.30)

Se aprecia en la filosofía del pensamiento pedagógico de Luz y Caballero, que “desde la ciencia misma hay que enseñar la estrategia” (J. Chávez, 2007). Si se analiza lo planteado por Luz puede considerarse que: existe una distinción sumamente importante en la estrategia de aprendizaje: “enseñarla” desde la clase.

En este mismo sentido, tanto Varela como Luz encuentran en el método una posibilidad importante en la acción del pensamiento. Transformar el método de enseñanza, implica transformar la estrategia de aprendizaje.

Se convierte por tanto el pensamiento de estos educadores, en una valiosa arma de combate, pues comenzaban a gestarse los primeros intentos de lucha por transformar la incipiente sociedad de criollos nacidos en la isla de Cuba.
Puede apuntarse un aspecto relevante que marca la relación entre la formación de las estrategias de aprendizaje y el método de enseñanza, que consiste en el carácter activo del método y el papel protagónico que debe desempeñar el estudiante en su aprendizaje.

En la última década del siglo XIX hacia la primera década de los años 30 del siglo XX, figuras como: José Martí, 1853-1895 y Enrique José Varona 1849-1933, entre otros, constituyeron los principales exponentes del pensamiento educativo cubano.

De la obra de J. Martí se toman algunas ideas para reflejar la evolución de las estrategias de aprendizaje en el pensamiento pedagógico nacional, así como revelar la continuidad de su filosofía y la integración de todos los contenidos formativos de la educación.

En la fuente del pensamiento pedagógico martiano, se aprecia la integración de los conocimientos y las habilidades a lo axiológico, ya que Martí hace énfasis en las potencialidades de la educación para la formación integral del niño y su correspondencia con el contexto histórico y la sociedad en que vive.
Martí consideró, al igual que los profesores que le precedieron, la imperiosa necesidad de un pensamiento auténticamente revolucionario y una ética, en la formación de una estrategia de lucha que fuese común en su objetivo, pero singular en su acción.

En este mismo sentido Martí, consideró la esencia de la enseñanza en el método que utiliza el profesor para dirigir la formación de sus estudiantes.
En el centro del proceso, el estudiante es protagonista de su aprendizaje, y como guía, el profesor, que tiene que propiciar, en el primero, la riqueza espiritual y garantizar en lo que se aprenda la correspondencia con las exigencias sociales. En tal sentido apuntaba el Apóstol: “Qué todo parezca fácil, que todo se haga agradable que todo se enlace: he aquí el trabajo de la enseñanza objetiva  (R. Valdés, 2002 p.146)

Se aprecia la importancia de una enseñaza verdaderamente objetiva, que permite la comprensión y la articulación de todos los contenidos formativos de la educación, lo cual constituye expresión de la unidad afectivo-cognitiva de la personalidad.

Martí resaltó la importancia del método y su relación con la formación de los hábitos para el estudio. No cabe duda que una actividad verdaderamente formativa es aquella que permite la integración de todos los contenidos: sociales, políticos, éticos, estéticos y científicos.
Desde el propio acto del aprendizaje el profesor decide cómo es que enseña a sus estudiantes y propicia en él el acto de apropiación de la cultura en todas sus dimensiones.

El profesor deberá procurar que su estudiante aprenda estudiando y en este sentido señala: “El estudio es un mérito; pero la imitación es un error: más que un error, una dejación de la dignidad de la inteligencia (R. Valdés, 2002 p.147)

Martí considera, que el estudio constituye la vía fundamental del aprendizaje y a su vez del desarrollo. Enseñar a estudiar, aunque no esté explícitamente declarado, es la expresión de la formación moral desde el aprendizaje escolar, alejada de la reproducción mecánica del conocimiento. Considera la imitación como la pérdida de los valores de la inteligencia.

Para él, la educación debía propiciar la independencia del niño en el aprendizaje desde sus propias posibilidades personales, en este sentido apuntó:

 “…no hay mejor sistema de educación que aquel que prepara al niño a aprender por sí.
“Asegúrese a cada hombre el ejercicio de sí propio. (R. Valdés, 2002 p.146)

He aquí un punto de coincidencia para una concepción de la formación verdaderamente integral, donde se aprecia la importancia de la independencia como rasgo fundamental en la preparación del hombre para enfrentar la vida.
No caben dudas, que en este planteamiento Martí convoca a formar en el estudiante aquellas estrategias que le permitan aprender por sí mismo. Esto garantiza un hombre socialmente útil.


Finales del siglo XIX e inicios del siglo XX

Por otro lado en el pensamiento de Enrique José Varona y Pera (1849-1933) puede apuntarse que los puntos de contacto fundamentales con la formación de las estrategias de aprendizaje, están en su concepción sobre la enseñanza y el aprendizaje. E. J. Varona constituyó el educador más destacado de este período, caracterizado en Cuba, por un fuerte pensamiento positivista.

En su obra se destaca claramente el papel que debe desempeñar el maestro y el papel del estudiante. El maestro es la guía del proceso cuando señala: “... quien dice guía. Y el guía mejor es el que ha ido más lejos y con más frecuencia por el camino que hay que enseñar a recorrer. El que ha explorado más y ha descubierto más amplios horizontes (J. Chávez, 1996 p.53). Si se toma en esta idea la expresión de que: “…hay que enseñar a recorrer…”, se revela lo que hoy suele llamarse el aprender a aprender.

Otro aspecto esencial que se vincula con la formación de estrategias de aprendizaje en la obra de Varona, se destaca en la siguiente cita: “…nuestros profesores debían ser (…) hombres dedicados a enseñar cómo se aprende, cómo se consulta, cómo se investiga; hombres que provoquen y ayuden el trabajo del estudiante; no hombres que den recetas y fórmulas al que quiere aprender en el menor tiempo la mayor cantidad de ciencia (…) (J. Chávez, 1996 p.57). Puede señalarse entonces la importancia que el destacado maestro atribuyó al enseñar cómo se aprende.

En otro período histórico, entre 1934 y 1958, se propuso resolver las deficiencias más importantes de la educación en aquella etapa: el autoritarismo, la falta de vinculación de la escuela con la vida, el negarle al sujeto que aprende el protagonismo necesario, el dedicarse a una deficiente instrucción y despreocuparse por el desarrollo espiritual del individuo. Chávez (1996). Surge en este período el Movimiento La Escuela Nueva.

La idea fundamental de este movimiento desarrollista, estuvo centrada en formar un hombre real, concreto y positivo. Aparecieron en esta etapa las obras de Alfredo M. Aguayo: “Didáctica de la Escuela Nueva” (1943) y la de Diego González, titulada: “Didáctica o dirección del aprendizaje” (1946), con el enfoque propio de este movimiento educacional.

Según plantea J. Chávez (1996), la Escuela Nueva se centró en el niño, en las necesidades del individuo, en la enseñanza de acuerdo con los intereses del estudiante y el paidocentrismo. La consideración de atender las necesidades individuales del estudiante en el proceso de enseñanza-aprendizaje, es condición indispensable en todo proceso de formación de estrategias de aprendizaje.

El estudio de estos antecedentes de las figuras del pensamiento educativo cubano de los siglos XIX y XX, permitió crear las condiciones para proponer nuevas concepciones en la formación de las estrategias de aprendizaje en la formación profesional de los licenciados en educación en el momento actual.

 

CONCLUSIONES


Hasta aquí se pueden identificar en la historia de la educación cubana algunos puntos de contacto entre el pensamiento pedagógico y la formación de estrategias de aprendizaje que constituyen algunas de las premisas para fundamentar esta propuesta:

El valor del método (en lo fundamental los métodos productivos)  como vía para la formación de las estrategias de aprendizaje.

El principio ético de un aprendizaje responsable, basado en la reflexión crítica y la toma de conciencia sobre el proceso de aprendizaje.

La clase como espacio fundamental para la formación de las estrategias de aprendizaje.

El fin último de la formación de las estrategias para aprender considerado la educación integral del hombre en correspondencia al momento histórico en que vive y a sus necesidades individuales.

Propiciar la formación de un estudiante independiente, responsable y protagonista en el proceso de enseñanza-aprendizaje es una aspiración de la educación cubana del siglo XXI.


BIBLIOGRAFÍA


·            Armas C. B. Modelo para la formación de una estrategia general de  aprendizaje en el primer año del curso regular diurno de las especialidades técnicas de la Licenciatura en Educación. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas. Instituto Central de Ciencias Pedagógicas. La Habana, 2011.

·            Chávez J. A. Bosquejo histórico de las ideas educativas en  Cuba. Edita Pueblo y Educación. La Habana, 1996.

·            Chávez J. A. y otros. Acercamiento necesario a la Pedagogía General. Edita Pueblo y Educación. La Habana, 2005.

·             Chávez J. Notas de la conferencia dictada en el curso del grupo doctoral. Instituto Central de Ciencias Pedagógicas. La Habana. Inéditas. 2007

·            Guerra R. Diccionario del Pensamiento Martiano. Edita Ciencias Sociales. La Habana, 2002

·            Sosa E. y Penabad A. Historia de la educación en Cuba. Tomos 3 y 4. Editan Pueblo y Educación y Ediciones Boloña. La Habana, 2001.

·            Varea V. y otros. Antología de la Historia de la Pedagogía Universal II. Edita Pueblo y Educación. La Habana, 1988.

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